La Pintana se asienta sobre depósitos fluviales y cenizas volcánicas que generan suelos finos, a menudo con plasticidad media a alta y drenaje deficiente. Para un diseño de pavimento flexible que resista el tránsito proyectado, la capacidad de soporte de la subrasante es el dato de partida. Sin un CBR confiable, la estructura se degrada antes de tiempo. En las últimas temporadas hemos medido valores de CBR in situ bajo el 3% en varios sectores periféricos de la comuna, lo que obliga a considerar estabilización o reemplazo parcial del suelo de fundación. Complementamos la evaluación vial con ensayos Proctor para definir la compactación óptima y un control de densidad con cono de arena que verifica el grado de compactación alcanzado en obra.
Un CBR de subrasante inferior al 3% en La Pintana eleva el espesor total del pavimento flexible en más de un 30% frente a un suelo competente.
Enfoque y alcance
El diseño de pavimento flexible se rige por el método AASHTO 93 y la normativa vial chilena, definiendo espesores de carpeta asfáltica, base granular y subbase en función del tránsito (EE) y el módulo resiliente. En La Pintana, donde el nivel freático puede estar a menos de 1.5 m en invierno, la saturación reduce drásticamente la resistencia de la subrasante. Por eso el diseño incluye un análisis de drenaje que el manual AASHTO pondera con coeficientes específicos. La carpeta de rodadura se dimensiona para ejes equivalentes, mientras la base granular aporta rigidez y disipa tensiones. Cuando los suelos son expansivos o colapsables, el diseño de pavimento flexible incorpora capas de mejoramiento con suelo seleccionado o tratamiento con cal, asegurando un módulo de reacción compatible con la estructura completa. La compactación al 95% del Proctor Modificado es el estándar mínimo exigido en todas las capas granulares.